Cansado. Aburrido. Sin un aparente rumbo. Así se sienten muchos cuando no tienen claro qué hacer para lograr sus metas.

¿Cómo hacerlo? ¿Por dónde ir?

Una de las mejores maneras de asegurar que logres el éxito en tu vida y te vayas acercando hacia los resultados que deseas – y mereces – es tomando acción.

Puedes tener ideas geniales. Puedes conocer todas las estrategias correctas. Puedes incluso tener una gran oportunidad tocando la puerta. Pero sin acción nada de esto te sirve.

Una cosa es decirlo, otra cosa es hacerlo.

Y hacerlo con constancia, todos los días, con persistencia. Esto no lo hace cualquiera.

Quiero compartir contigo algunos hábitos que te pueden ayudar a tomar acción masiva e imperfecta, y que todo lo que te propongas lo vayas logrando paso a paso.

Habito nº1: haz primero la tarea más difícil

Las primeras horas de la mañana traen consigo – en la mayoría de los casos – una mejor actitud, un mejor ánimo y mayor claridad.

¿Por qué no aprovechar todos estos recursos para llevar a cabo la tarea más difícil o compleja?

Imagina eso: empezar el día terminando – no sólo haciendo – aquello que pesa más en tu día. Aquello que encuentras más retador. Aquello que has estado posponiendo por días o incluso semanas.

¿Cómo te sentirás cuando termines? ¿Más orgulloso? ¿Más productivo? ¿Más poderoso?

El error está en abordar el día haciendo lo más sencillo. Lo que cuesta poco.

Engañándonos con la idea de que las tareas más difíciles las podremos hacer más tarde.

Ya llegada la tarde nuestra mente está agotada. Nuestra claridad es nula. Nuestra motivación no es la misma.

Y para perpetuar todo este ciclo solo inventamos excusas del tipo:

  • Es este momento no me siente bien para hacerlo.
  • Lo voy a hacer después o lo voy a hacer mañana.

Lo ideal es que siempre empieces el día con lo difícil, lo retador… así como el niño que primero se come la ensalada para después comerse las salchichas.

Ahora ¿qué pasa cuando empezar con esta tarea más difícil justo es el problema?

¿A pesar de qué me sienta motivado, no sea capaz de enfrentarme a esa tarea frente a mí?

Para ello te servirá el hábito número 2.

Habito nº2: divide las tareas en partes más manejables

Piensa en tu objetivo.

¿Qué requiere? ¿Qué acciones hay que tomar?

¿Qué actividades debes llevar a cabo?

¿Qué puedes hacer ya mismo?

¿Cuál es la próxima acción física?

Tu meta requiere que te pongas en acción. No le importa si tienes las ganas o no.

No le importa si hoy tienes un mal día, si las cosas no hay ido muy bien las últimas semanas o si discutiste con tu pareja. Tu meta requiere que te pongas en acción, ahora.

Pero, ¿qué pasa si al observar tu meta te parece tan grande y tan compleja que, en lugar de motivarte, te intimida?

Sencillo. Divídela.

No lidies con la montaña entera, lidia con los pequeños tramos. Uno tras otro. Poco a poco. La montaña se escalará sola si eres capaz de atravesar esos pequeños tramos.

Por ejemplo, si hablamos de escribir un libro. Si te da pavor lidiar con esa hoja en blanco. Empieza escribiendo media hora, y luego haz una pausa.

O empieza escribiendo una primera hoja. Y al día siguiente otra. Y luego otra. Y una más.

Todos los días, escribe solo una página diaria. No te concentres en terminar el libro, solo en escribir una página todos los días.

Cualquiera que sea el tipo de actividad, casi siempre es posible pensar en una estrategia de división, de simplificación, de pequeños pasos.

Hay quienes dicen que el primer paso es la mitad del camino.

¿Y qué hacer cuando puedes tener la constancia, pero la motivación te abandona?

Para ello está el hábito 3.

Habito nº3: recuerda por qué estás haciendo lo que estás haciendo

No tomar acción, muchas veces sucede porque hemos perdido el rumbo.

La brújula que nos indicaba no sólo por dónde ir, sino por qué debemos hacerlo.

Esta aparente desmotivación, es solo una pequeña distracción en el camino.

Has olvidado por qué haces lo que haces, y esa falta de propósito hace que cuestiones si vale la pena tomar acción o no.

No basta con plantearse metas, es imperativo saber con absoluta claridad por qué queremos alcanzarlas.

¿Qué problemas quieres resolver? ¿Qué situaciones buscas mejorar? ¿Qué cosas quieres cambiar de tu realidad?

Es en las respuestas a estas preguntas donde encontrarás la verdadera motivación. Esa que viene de tu interior.

¿Cómo lograr esa o esas metas va a cambiar tu vida?

¿Tus relaciones? ¿Tus finanzas? ¿Tu salud? ¿A ti?

Identificar los beneficios de esta transformación y ser conscientes de que estos beneficios nos van a ayudar a ser más felices, tener más bienestar o a cualquier que sea el logro que alcancemos al llegar, hace mucho más sencillo pagar el precio.

Si de verdad quieres algo, no buscas regatear el precio para conseguirlo.

Hábito nº4: dale igual importancia al descanso y la diversión

Libros por leer. Metas que alcanzar. Deudas que pagar. Videos por mirar. Artículos por revisar. Obligaciones por cumplir. Redes sociales por revisar. Llamadas por devolver. Correos por contestar… ¡vaya! Que no nos asombre que nuestro cerebro esté tan sobrecargado queriendo hacer todo, todos los días.

Si bien, debes trabajar y hacerlo duro e inteligente. También debes darle esa importancia al descanso y la diversión. Debes desconectarte para rendir mejor.

Puede parecerte paradójico, pero el descanso es esencial – yo diría vital – para alcanzar tus metas.

El enfoque, creatividad y energías, recursos esenciales para lograr tus metas, escasean por no tener momentos de desconexión regulares. Momentos en los que te desconectes por completo del trabajo, deberes y obligaciones.

Y puede que pienses: “Yo tengo tanto trabajo que no puedo dar el lujo de hacer eso”.

Pero yo te digo que no puedes darte el lujo de no hacerlo.

¿Qué tan lejos puedes llegar con un auto al que se le va bajando el aire en una de sus llantas o que de plano se ha quedado sin aire?

Si no puedes sacar al menos un día, un sábado, un domingo, en el que puedas hacer otras cosas diferentes, pasar tiempo con tu familia, salir, ver películas, hacerlo que sea que no tena que ver con trabajo, va a ser muy difícil que llegues lejos o que siquiera aguantes el ritmo de vida.

Tu cerebro eventualmente te va a obligar a desconectarte, pero si lo fuerzas, si lo obligas a continuar – aun sabiendo que necesitas un descanso. – lo único que causas es un déficit de atención, dificultad para concentrarte y un incremento en tus niveles de estrés.

Fuerza la máquina y ésta se quebrará.

Y lo peor, es que muchos de estos problemas que nacen de la falta de desconexión, desembocan en hábitos dañinos como comer en exceso, dormir poco, fumar o tomar alcohol con regularidad.

Agenda un día en tu semana. Ten al menos 30 minutos al día. Descansa al menos 1 o 2 semanas por año. Pero ten el hábito desconectarte y recargar energías.

Habito nº5: ten en cuenta las recompensas

Recompensar nuestros logros, ser conscientes de cuánto hemos progresado y premiarnos por haberlo hecho, es esencial si quieres que el crecimiento sea constante en tu vida.

Claro, si es un logro pequeño, no vamos a darnos una recompensa gigante. Pero si es un logro grande, no debería pasar mucho tiempo sin que refuerces ese sentimiento de realización y satisfacción personal.

A momentos disminuimos el impacto de nuestros logros.

  • No fue nada.
  • Es algo que tenía que hacer.
  • Solo era mi responsabilidad.
  • Es parte de mi trabajo.

Tenemos que alimentar en nuestra mente esa sensación y hacer más fuerte ese vínculo de recompensas como resultados de nuestros logros.

De lo contrario, va a ser muy difícil que tu mente se llene de motivación, sienta el deseo de llevar a cabo más cosas, continúe con ambición de lograr metas y progresar en la vida.

En cambio, si te tomas el tiempo de reconocer y de celebrar tus logros, así sea de formas pequeñas y sencillas, tu mente va a sentir que valió la pena, que el esfuerzo realmente sirve de algo, y la próxima vez que te plantees una meta va a querer ayudarte a lograrlo.

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