En la película Casanova, protagonizada por el fallecido Heath Ledger, hay una escena en la que un admirador le pregunta a Casanova qué es lo que hay que hacer para tener éxito con las mujeres, y Casanova contesta: “Ser la llama, no la polilla”.

Es probablemente la mejor frase jamás dicha acerca de la atracción y de la relación entre hombres y mujeres.

En realidad de eso se trata todo.

El secreto está en desarrollar nuestra personalidad a tal punto que seamos una llama de luz que atraiga el resto de personas de nuestro alrededor.

Algo que tal vez debes empezar a preguntarte, y que seguramente, va a definir gran parte de tu vida es: ¿quieres ser la llama o la polilla?

La polilla persigue la luz, pero la llama es la luz.

Muchos se enfocan en tener que “hacer” cosas para conseguir ese éxito con las mujeres. Pero quien entiende cómo conectar con las mujeres y no tiene miedo de mostrarse y mostrar su parte masculina, no.

Esto es lo que marca la diferencia entre aquellos que persiguen a las mujeres y quienes las atraen.

Para mí el concepto de ser la llama es un concepto extraordinario, porque centra la atención en nosotros. En lo que si podemos controlar. Sobre lo que si tenemos certeza y convicción.

Nos centra en nuestro crecimiento personal y no en el éxito con las mujeres.

El éxito llega como algo congruente de ese crecimiento. Perseguir mujeres no es lo que nos guía. Lo que nos marca el camino es nuestro desarrollo personal.

Muchos libros de seducción enseñan a ser polillas con éxito. Plantean un montón de métodos o teorías sobre cómo conseguir triunfar siendo la polilla más certera.

Algunos pocos más elaborados intentan enseñar como aparentar ser la llama para que la chica no se dé cuenta de que somos polillas.

Y todo bien hasta allí.

Pero, ¿qué carajos significa ser la llama?

Todo hombre tiene una o varias cualidades que hacen de él un ser poderoso, único y necesario para los demás.

Cuando nos damos cuenta de qué es lo que nos hace únicos y cuando desarrollamos esa serie de cualidades al máximo, nos convertimos en seres magnéticos de forma natural.

Y en ese exacto punto, las mujeres sentirán atracción, respeto y admiración por nosotros sin necesidad de que nosotros tengamos que hacer nada para conseguirlo.

La mentalidad de polilla te empuja a sentir que la chica es el premio, es la aventura que debes emprender, es donde debes estar interesado y por lo tanto debes llamarla, conquistarla, acostarte con ella a cómo de lugar.

Pero oye, tampoco quiero hacerte creer que considero que las chicas tengan que estar como polillas a nuestro alrededor. Considero que las relación hombre-mujer, mujer-hombre debe ser algo equilibrado. Lo ideal es que ambos sean llamas.

En lo que quiero ser claro es que la mentalidad de muchos con respecto a la seducción, se basa en un culto desmesurado y casi irracional por el atractivo físico de las mujeres.

Y así, es imposible ser la llama.

Si en el fondo nos morimos de ganas de estar con una mujer atractiva, por mucho que intentemos parecerlo, seremos polillas… y nos sentiremos así toda la vida.

Estoy hablando de ser una llama autentica. Estoy hablando de que no te dejes impresionar por lo atractiva que es una mujer y la juzgues solo por ello.

Estoy hablando de ser hombres con una personalidad y una realidad tan arrolladora que realmente seamos la llama.

Grábate esto a fuego: si tienes que ser como una polilla, tarde o temprano te verán como tal.

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