Miedos, inseguridades, falta de confianza y necesidad, todas provienen de una fuente. Una fuente que sabotea nuestras relaciones, minan nuestra autoestima y nos hacen personas más desesperadas por encontrar algo que los demás no pueden darnos: apegarte a las personas.

Apegarte a esa chica que te gusta.

Apegarte a una relación con una fecha de caducidad.

Apegarte a ideas y creencias que limitan y debilitan tu vida.

Apegarte a personas siempre será un juego donde saldrás perdiendo.

Muchos, ingenuamente, creen que sus vidas llegarán a un punto donde todo será perfecto. Donde la felicidad, tranquilidad y equilibrio serán eternas. Cuando la vida es cambio constante.

Existen momentos de mejora, como momentos donde todo sale mal.

Existen momentos donde todo es felicidad, y otros donde la oscuridad te consume.

Esa es la vida, la dualidad y polaridad son esenciales, no podemos ser capaces de apreciar la felicidad sin la tristeza, ni de apreciar el amor sin el odio.

El problema surge cuando creemos que esa felicidad, ese amor y esa paz provienen de una persona. Que esa persona es la causa y a la vez, la responsable de nuestra felicidad.

Es allí donde surge el apego.

Hoy quiero compartir contigo 3 preguntas para comprobar si estás apegado a una persona, y si es el caso, aprenderás a liberarte de esas emociones que te tienen anclado a un lugar y momento que no te dejan avanzar.

1. ¿Crees que esa persona te pertenece?

Esta es una de las primeras preguntas de fuego.

Porque creer que una persona te pertenece es caer en la creencia burda y común de que las demás personas que están en tu vida son de tu propiedad, que tienes derecho sobre ellas.

Lo peor es que has escuchado este mensaje no una ni dos, sino innumerables veces.

La industria de la música y del cine, te dicen que ella es tuya, que no eres nada sin ella, que ella es tu propiedad.

Incluso muchos lo pintan como lo más romántico y lo confunden como amor verdadero.

La realidad es que esto denota un amor condicional.

Un “te amo” porque siento que me perteneces y como tal nunca te dejaré ir. Buscaré enjaularte o mantenerte cautiva porque sin ti no soy nadie. Porque en el fondo mi inseguridad me hace sentir vacío y solo.

Mucho de los problemas que tenemos en nuestras relaciones, o cuando éstas terminan, parte de una errónea concepción de amor. Porque el amor que sentimos por las otras personas nace desde un espacio de necesidad. De me siento solo y espero que la otra persona me llene.

Y cuando partes desde una concepción tan limitante, es obvio que vas a aferrarte a cualquier persona que muestre algo de cariño por ti.

Pero lo paradójico es que a nadie le gusta las personas necesitadas, vacías y que esperan que otros los llenen.

2. ¿Para ti amar es potenciar o limitar?

Escucha estas dos frases de Jorge Bucay y reflexiona un poco en ellas:

  1. “El amor es el regocijo por la existencia del otro”.
  2. “Me aterra vivir con una persona que me considere imprescindible en su vida”.

¿Qué te dicen?

¿Qué imágenes pintan en tu mente?

Vivimos en una sociedad donde creemos que el amor es algo condicional. Algo que necesitada ser saldado para nunca estar en números rojos.

  • Te amo porque te comportas de esta manera conmigo.
  • Te amor porque haces esto por mí.
  • Te amo porque sin ti no puedo vivir.

Sí, lo sé, estos mensajes suenan bien, algo romántico, algo que demuestra que eres una persona que ama desde lo más profundo.

Pero hay algo que no suena del todo bien.

Amamos desde un espacio de miedo y limitación.

Si la otra persona hace algo que atente contra esas condicionantes, contra ese estado de felicidad o paz, nos deprimimos, enfurecemos o sentimos mal con nosotros mismos.

Ese es el problema de hacer que la otra persona sea nuestro objeto de amor, deseo y felicidad.

Pero, cuando amamos desde un espacio de libertad, de potenciación, de dejar que la otra persona tome decisiones para su vida sin que necesariamente tengan que ver con nosotros, practicamos un amor desinteresado, un amor que podríamos decir real.

El apego que tenemos a una persona no se debe en realidad a la persona, se debe a las ideas, ilusiones, creencias y toda esa basura mental que crees que deben ser satisfecha.

Así como tú no estás para satisfacer las exigencias de otras personas, los demás no están para satisfacer las tuyas.

3. ¿Te amas?

Sí, yo sé que la tendencia de muchos es decir: ¡Pues claro! Es obvio que me amo.

Aun así, quiero que pienses un poco en esta última pregunta.

Porque para poder amar, debes amarte primero. Esa es la clave. De lo contrario seguirás siendo un vasito pequeño y vacío que espera ser llenado por alguien más.

Alguien que ve en las otras personas una forma de obtener algún beneficio propio. Algo que resulta egoísta.

Hemos repetido la misma idea para que podamos interiorizarla.

Apegarte a una persona no es amar, es necesitar, y esa necesidad viene de una creencia, ilusión o idea de que la otra persona es la que tiene tu felicidad y paz. Y por ello, la necesitas.

Por ello, no puedes vivir sin ella.

Por ello, no puedes desapegarte.

Pero lo que quiero que te lleves de aquí, y siento que pocos lo entenderán (espero que tú no seas de ellos), es que solo vas a poder a amar cuando sientas un profundo amor por ti.

Cuando estás orgulloso de quién eres y no necesitas que alguien te afirme constantemente.

Cuando sientes una gran confianza y sabes que estás completo.

Cuando sientes esto, amas sin que la otra persona te elija y aun así estás bien.

Amas sin que se quede contigo y aun así estás bien.

Amas porque tu fuente de felicidad no proviene de la otra persona proviene de ti.

Y eso te da felicidad, estabilidad emocional y una paz que solo tú puedes lograr. Nadie te la puede dar.

Obviamente esto no es un botón que puedes presionar y cambiará tu vida de un instante a otro. Es una práctica, algo que solo podemos comprenderlo a medida que lo hagamos y dejemos atrás algunas creencias que solo te limitan y te impiden mejorar en tus relaciones.

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