Y si pudieras lograr tus metas…

Y si pudieras alcanzar esos sueños que creías ya inalcanzables…

Y si pudieras recuperar tu poder personal y con ello alcanzar el éxito, la satisfacción, la plenitud y felicidad que siempre han estado a tu alcance pero que por una u otra razón te han rehuido.

Seamos sinceros, has pensando más de una vez que es mejor conformarse con lo que tienes.

Has pensando que ¿para qué diablos te complicas la vida queriendo alcanzar logros poco comunes?

Has pensando – y así también lo has sentido – que es mejor renunciar a todo y tomarte un descanso de toda esa basura que te afecta y roba el sueño.

En pocas palabras, estás a un paso (o menos) de renunciar a todo, porque ya has perdido tu poder personal. Ese poder que es el causante de que alcances tus metas, que cambies tu mentalidad, tus hábitos y vivas esa vida que muchos libros y autores te prometen, pero que después de años sigues sin ver hecha realidad.

Y puedes entender tu poder personal de distintas formas. Puedes verlo como la energía que te mueve hacia aquello que quieres. Puedes verlo como el auto-concepto poderoso y fabricante de metas que tienes sobre ti mismo.

Puedes verlo como la confianza y autoestima que te hace quererte y creer en tus sueños cuando nadie más lo hace.

La verdad no importa como lo veas, ya que todas estas ideas se convergen en una: tu poder personal es sentirte capaz de lograr aquello que realmente quieres.

Pero, ¿qué pasa?

En algún momento, en algún lugar, alguna persona, alguna palabra hizo que renunciaras a ese poder personal.

O, mejor dicho, tú lo regalaste.

Y lo hiciste dando más importancia y valor a las opiniones de los demás que a las tuyas.

Lo hiciste cuando renunciaste a un sueño por seguir el “sabio” consejo de un amigo o un familiar.

Lo hiciste cuando dejaste que pensamientos negativos invadieran tu mente no dejando espacio para lo que si te hace crecer y alimenta tus sueños.

Y, sobre todo, lo hiciste cuando dejaste que un fracaso – incluso el más pequeño – te tumbara creyendo que no tienes la capacidad para lograr algo que de verdad valga la pena en tu vida.

Has regalo tu poder personal, pero no te sientas mal, todos lo hemos hecho alguna vez. Algunos, más veces de las que podemos recordar.

El punto es que ahora tienes la capacidad para recuperarlo y con ello ver hecha realidad esa promesa de una vida diferente, una vida que tú has decidido construir y no una vida que has dejado que otros construyan por ti.

Así que, ¿cómo recuperas tu poder personal?

Siguiendo una a una las siguientes calves que te ayudaran a recuperarlo

1. Identifica tus creencias limitantes

El renunciar a tu poder personal muchas veces tiene su origen en las creencias subconsciente que cargamos. Creencias que en muchos casos son limitantes, destructivas y – por qué no decirlo – excremento que hace que apestes a conformismo y mediocridad.

Creencias como:

  • “No merezco esto o aquello”.
  • “No soy suficiente para hacer esto o tener aquello”.
  • “No valgo y por ello me sucede esto”.
  • “Hay algo malo en mí y por eso mi vida es como es”.

De nuevo, excremento que invade tu mente y no deja espacio para sueños, metas y aspectos positivos sobre quién eres y lo que eres capaz de hacer.

Y el gran problema de las creencias subconscientes, es que no eres consciente cómo dirigen tu vida desde los lugares más profundos de tu mente.

Sientes que no mereces tener una gran relación de pareja, que no mereces un mejor empleo, que no vales lo suficiente para que te paguen mejor, que no eres capaz de tener el cuerpo y la salud que deseas, que hay algo malo en ti y eso te impide ser, hacer o tener aquello que quieres.

Lo peor es que por más que intentes luchar contra ello hay algo dentro de ti que te lo impide.

Y esas son tus creencias que te han programado a no ganar más de lo que hoy ganas, a tener relaciones destructivas y pocos saludables, a tener un empleo que no te hace feliz pero que paga facturas.

Tus creencias te atan como cadenas a una realidad que claramente no quieres, a la cual estás acostumbrado y que posiblemente sea la única que conozcas.

¿Cómo eliminar estas creencias?

Primero: identificándolas.

Y segundo: cuestionándolas.

Si, usando tu razón y lógica para desarmar estas creencias.

Si identificas una creencia que te dice que no mereces que te paguen más por tu trabajo o no mereces tener una gran relación de pareja o no mereces ser feliz.

Cuestiónate: ¿Por qué sientes que no lo mereces?

¿Acaso no eres un o una gran profesional o acaso no puedes llegar a serlo?

¿Acaso no eres una persona con grandes cualidades y valores que merece amar y ser amado?

¿Acaso no eres una persona que merece ser feliz porque así lo quiere?

Cuestionar tus creencias le quita poder a las mismas. Ya no estás en piloto automático y tomas el timón para llevar tu vida hacia lugares que quieres.

2. Rompe el patrón de comportamiento

Algo que sigue inmediatamente a las creencias es el patrón de comportamiento que tienes.

Si llevas cierto tiempo soltero y un día conoces a alguien… pero tienes la creencia “no soy suficiente para esta persona o no me merezco ser feliz con esta persona” es normal que tu patrón de comportamiento sea el de echar a perder las citas, mostrarte necesitado e incluso llegar a ser alguien poco agradable, no siendo este carácter habitual.

Al final, has dejado que la programación de tus creencias te haga actuar de una forma que no quieres y que no logras explicar por qué. Simplemente actuaste así. Ese el gran problema de nuestro patrón de comportamiento.

¿Te has preguntado porque la gente rica se hace cada vez más rica y la gente pobre cada vez más pobre?

Por sus patrones de comportamiento que tiene su origen en sus creencias.

Las personas ricas tienen creencias que los impulsan a ganar más dinero, a hacer mejores negocios y a acumular más riqueza.

Al contrario, la gente pobre tiene creencias que los empujan a gastar todo lo que ganan y más, a tomar malas decisiones con su dinero o despilfarrarlo en gastos triviales y absurdos.

Sus patrones de comportamiento son sólo el reflejo de las creencias que tiene cada uno de ello. Unos actúan de forma que sus acciones les produzcan más dinero. Otros lo hacen de forma que el dinero huya de ellos lo más rápido posible.

No importa cuales sean tus creencias, tus patrones de comportamiento serán fieles a esas creencias.

¿Quieres cambiar la forma en cómo te has venido manejando en la vida?

Cambia tus creencias, en primer lugar. Y segundo no te dejes llevar por tus comportamientos automáticos.

En serio, cuando sientas el impulso de gastarte todo el dinero que te ganas, ¡para!, piensa un poco y haz algo distinto de lo que has venido haciendo hasta ahora.

Cuando sientas el impulso de llamar por enésima vez a esa chica que conociste y te gusto, ¡para!, piensa y haz algo distinto.

No te dejes arrastrar por esos comportamientos que te producen resultados que no quieres y te roban tu poder personal.

3. Cuida tu lenguaje

Si hay algo en lo que todos podemos presumir que somos expertos – al grado de ser maestros en ello – es en autocriticarnos. En encontrar todos esos errores cometidos en el pasado, en todas esas fallas y fracasos que sólo sirven para recordar que nunca podemos lograr algo valioso.

Nuestro dialogo interno es algo de nunca acabar. Nos pasamos horas enteras hablando con nosotros mismos, repasando que hicimos, evaluando nuestro comportamiento, nuestras metas, recordando errores, reflexionando sobre el futuro, calificando nuestras capacidades y habilidades.

Lo más triste de este dialogo interno es que es mayormente negativo y limitante.

Imagínate pasar el día entero con alguien que te empuja a recordar los fracasos que tuviste hace 10 años, sobre lo pobre de tu desempeño en el trabajo, sobre las razones por las cuales nunca vas a lograr tus metas, por qué nunca vas a ser feliz o tener una relación de pareja extraordinaria.

Yo no me imagino pasar el día o los días al lado de una persona así. Pero todos lo hacemos, porque esa voz en nuestro interior hace todo esto y más.

Es imprescindible que detengas ese dialogo interno negativo y empieces a reemplazarlo por uno más positivo. Empieza a reconocer tus logros, tus avances y el esfuerzo que estás haciendo para mejorar tu vida y lograr tus metas.

Esto en principio va a resultar un poco difícil porque no estamos acostumbrados a hablar con nosotros mismos de una forma así de positiva. Nos han programado y tenemos creencias que nos dicen que halagarnos o felicitáramos por nuestros logros y avances es egocéntrico, está mal visto, es muy narcisista, lo cual es ridículo.

La primera persona que debe creer en sus sueños, en sus metas y que debe estar emocionado por lograrlas eres tú, pero si dejas que un dialogo interno negativo invada tu mente, te conviertes en tu peor detractor y enemigo. Cambia tu lenguaje y la forma en cómo te refieres a ti mismo y te aseguro que tu mundo empezará a cambiar.

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