En la vida llegarás tan lejos como tu mente te lo permita. Y si te das cuenta hoy, estás en un lugar al que tu mente te ha permitido llegar.

Para algunos la vida es placentera, gratificante, divertida y hasta apasionante, para otros es solo un viaje muy largo y aburrido hacia su muerte.

¿De qué depende estas perspectivas? De nuevo, de su mente.

Ya que en la vida vas a afrontar muchas situaciones, algunas más complicadas que otras. Desde un simple miedo a ser rechazado hasta lidiar con la perdida de alguien importante en tu vida.

Y en cada una de estas situaciones sabrás resolverlas, o empeorarlas. De nuevo gracias a tu mente.

Muchas personas allá afuera no se dan cuenta de lo destructiva que puede ser su mente, llevándolos a adquirir y peor aún, mantener hábitos que llevan su vida a los peores lugares y situaciones.

Lugares y situaciones que, si los pudieras ver de lejos, te pondrías el firme propósito de nunca llegar a ellos.

Lo sé, sueno algo extremo. Pero para muchos que leerán esto – quizás tú – esto es una realidad, no es un cuento de terror sobre lo bajo que pueda caer tu vida. Nuestra mente es tan maravillosa que puede llevarnos a experimentar lo mejor y también lo peor.

Creamos nuestra realidad, una realidad que con el tiempo se convierte en verdad. Un miedo sencillo puede llegar a convertirse en algo que te limite por el resto de tu vida.

Algo que no quiere que pase, se hace realidad. Tienes miedo a fallar y es como si te hubieras dado una orden directa y fallas.

Tienes miedo a que nadie te quiera, o que tu pareja te deje y es como si caminarás en sentido opuesto y dejan de quererte. No te sientes capaz, y más evidente se hace tu incapacidad para lograr algo.

Pero, ¿cómo cambiar todo esto? ¿Cómo hacer de tu mente tu mejor aliada en este camino?

Elimina los siguientes hábitos y verás cómo empiezas a marcar la diferencia.

1. Dejarse arrastrar por tu pasado

Entendamos que la vida es un sinfín de cambios, a veces hay momentos buenos, increíbles y mejores; y otras hay pérdidas, rachas malas y etapas desastrosas. Pero cuando un ciclo acaba otro comienza.

Cuando te dejas arrastrar o te enganchas al pasado no dejas que estos ciclos terminen y otros empiecen. Te anclas a un pasado idealizado el cual no eres capaz de superar. Vives tu vida en una imagen cada vez más borrosa que olvidas por completo que eres capaz de superarlo.

Por ejemplo, te aferras a un momento fuerte de tu pasado como terminar con tu novia, y empiezas a idealizarla. Te terminas convenciendo que jamás encontrarás a alguien como ella, que eras la persona más feliz cuando estaba ella y que nunca volverás a sentirte así.

¿Qué crees que sucede? Se hace realidad.

Recuerda: tu mente crea tu realidad. Si crees que nunca serás feliz con alguien más o contigo mismo, así será.

La verdad, es que puedes conocer mejores personas, pero si vives atado a un pasado que te pinta la ilusión de que ella era la persona perfecta, no te tomarás siquiera la molestia de mejorarte o de darte el tiempo para conocer a otras personas, simplemente las ignorarás.

¿Quieres superar esto?

Entonces, debes aprender a terminar e iniciar ciclos nuevos. Aprende a soltar el pasado, y confiar en el futuro.

Abrirte a nuevos ciclos, a nuevas etapas, a nuevas personas y nuevas experiencias es abrirte a un cambio, es abrirte a mejorar. Es tomar lo mejor de pasado y aceptar que hay cambios continuamente. Es aceptar que la vida no se detiene y continúa su curso.

Es darte una oportunidad.

2. Vivir con la creencia de que la felicidad vendrá después

Muchos viven con la esperanza que cuando algo importante pase en sus vidas, como terminar su carrera, encontrar trabajo, casarse, tener hijos, obtener un ascenso, iniciar un negocio, tener éxito con su negocio, adelgazar y demás, ahora si podrán iniciar una etapa feliz, próspera y relajada en sus vidas.

Muchos los hemos creído así.

Creemos que cuando esa persona especial te diga si, ahora si podrás ser feliz.

Creemos que cuando tengamos dinero, seres felices. O cuando bajemos de peso, o cuando nos mudemos o cuando… lo que sea, seremos recién felices.

Lo siento, pero nada de esto te hará feliz, si acaso te harán creer que el tiempo y los factores externos son los responsables de hacerte feliz, no tú. Si no eres feliz con nada, nunca serás feliz con todo.

Si hoy te percibes débil, incompleto, ansioso, triste o esclavo de tus malos hábitos, que suceda un cambio extremo y externo no cambiará mucho, al poco tiempo volverás a ser el mismo.

Si no cambias tú, nada allá afuera va a cambiar. Y si por algún motivo lo hace, tú volverás a ser el mismo de siempre.

Tu ansiedad, estrés, tristeza, timidez, miedos y preocupaciones no van desaparecer porque algo allá afuera cambie, sino porque tú has decidido cambiar y has trabajado en ello.

La gran noticia es que, así como tú creas esa realidad que no te gusta, también en ti está la solución. Pero esto solo es posible cuando dejas de esperar que algo o alguien allá afuera te haga feliz y empiezas a trabajar en ti, más que otra cosa.

3. Criticarte, juzgarte y reprimirte

Te sientes débil. Te sientes ansioso. Te sientes triste. Sientes miedo.

Pero erróneamente crees que nunca deberías sentirte así. Lo ves como el peor pecado que puedes cometer contigo mismo. Y lógicamente, te atacas, buscas reprimirte todas estas emociones, quieres cambiarlas sin comprender por qué están allí, por qué te sientes así.

Cuando te avergüenzas de estar triste, de mal humor, por haber sentido miedo incluso por haberte enamorado, te convierte en tu peor enemigo, en un verdugo que no lo piensa dos veces antes de asestar el golpe.

Pero, ¿de qué te sirve todo esto?

No necesitas atacarte, reprimirte, forzarte a tener un sentimiento “correcto”. Lo que necesitas es comprenderte. Comprender por qué sientes todo esto.

Sentir miedo no se soluciona pretendiendo que no existe o acusándote de débil y cobarde. Se soluciona entendiendo que es una respuesta natural, que posiblemente estás saliendo de tu zona de confort, que estás arriesgándote y eso es normal.

Sufrir por amor no se soluciona volviéndote frio o pretendiendo que nadie te importa. Se soluciona trabajando en tu sensación de plenitud, en lo que significa para ti la felicidad y en tu independencia emocional.

La ansiedad no se soluciona exigiéndote más e incluso culpándote por no trabajar más duro. Se soluciona dándote cuenta que todo es un proceso, que no porque otros lo hayan hecho más rápido significa que tú también debes hacer, todos tienen su proceso y un camino y tú estás recorriendo el tuyo a la velocidad y tiempo justos.

Quiero que tengas cuenta que los hábitos que acabo de presentarte no son los únicos, pero considero que son lo más destructivos para tu mentalidad y tu vida misma.

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