Hay ciertos pilares o fundamentos que todo hombre debería considerar tener en su vida. Fundamentos que son capaces de mantenerlo firme en esos momentos oscuros y dolorosos que inevitablemente va a experimentar.

Los que te presento aquí no son los únicos, pero si considero que son los esenciales para que cualquier hombre pueda empezar a construir la vida que quiere.

Analiza estos fundamentos, practícalos e interiorízalos en tu vida, y verás cómo empieza a cambiar.

No rehúyas de las experiencias dolorosas

En los últimos años ha proliferado una filosofía de vida que con el tiempo se hace algo “tóxica”, ya que no encuentro otro término mejor para describirla.

Esa idea que tienes que ser feliz todo el tiempo. Sonreír todo el tiempo. Mostrarte amable, bueno y compasivo todo el tiempo. Siempre ser positivo, siempre.

Una filosofía de vida irreal e insostenible que ha proliferado gracias a las redes sociales, ciertos influencers y a tu tía que publica constantemente frases motivadoras.

Esto nos empuja a perseguir un estándar de vida que no sólo no podemos alcanzar, sino que al intentar hacerlo nos llenamos de más frustración, desesperación y ansiedad.

Ser feliz todo el tiempo es tan irreal como estar triste o furioso todo el tiempo. Lo peor, es que llegamos a criticarnos duramente cuando no estamos todo el tiempo sonriendo y con la energía por los cielos.

Creemos que hay algo malo en nosotros.

Esta búsqueda incesante de ser felices a cada segundo, no empuja a rehuir de todas las experiencias dolorosas pero gratificantes y enriquecedoras que necesitamos.

Seamos francos y maduros a la vez, la vida a medida que creces se hace cada vez más compleja y difícil. Así es. Así siempre será. En ningún lado está escrito que la vida tiene ser fácil. Es más, un mantra que puedes adoptar es el de no pedir que los problemas disminuyan, sino que seas cada vez más grande que ellos.

Crecer no es fácil. Ir a la universidad no es fácil. Trabajar no es fácil. Conquistar a esa chica que te gusta no es fácil. Tener una relación no es fácil. Alcanzar tus metas no es fácil.

Todo tiene su grado de dificultad. Todas tienen experiencias buenas y malas. Placenteras y dolorosas. Esa es la dualidad en la que vivimos.

Y en lugar de luchar contra esta idea creyendo que la vida tiene que ser fácil, que puedes ser feliz en todo momento, que puedes evitar las cicatrices que te da la vida; es mejor, y creo más inteligente, aceptar esas cicatrices porque te demuestran la clase de hombre que eres y que puedes llegar a ser.

Ten al miedo como tu aliado

Vas a tener miedo – si es que no lo tienes ahora – y eso no tiene nada de malo.

Desde niños se nos ha instruido que un hombre no debe tener miedo. No le es permitido mostrarse dubitativo y temeroso. Eso nos lleva a crear una expectativa irreal de lo que es un hombre. Siempre firme, siempre certero.

No digo que tengas que ser un manojo de dudas y miedos que nos puedas controlar.

Me refiero a que sentir miedo es parte de nuestra naturaleza.

Lo importante no es trabajar para dejar de sentir miedo ante cualquier situación, lo que importa es aprender a actuar a pesar de él. Esto, más que creerte Superman, es lo que te hace un hombre firme.

Es mejor trabajar en ser un hombre que, a pesar del miedo, es capaz de ver más allá y dar el siguiente paso.

Puedes sentir miedo, tener duda, llegar a no confiar en ti, esto no te hace menos hombre, pero si te dejas dominar por tus miedos pierdes tu poder personal.

El miedo no te dice que pares, te detengas y abandones.

El miedo es una señal de alerta, te muestra el camino que estás evitando, te dice que tengas cuidado y prestes atención, nada más.

Cuando conviertes el miedo en tu aliado eres capaz de ver tus límites. ¿Y para qué te sirve conocer tus límites?

Para sobrepasarlos.

Ir más allá.

Ser más de lo que eres hasta ahora. Lograr más de lo que has logrado hasta ahora.

Recuerda que el crecimiento que quieres, y buscas, está más allá de tu zona de confort y de los límites que hasta ahora ignorabas.

Ten tu propio código de honor

¿Te ha pasado que hiciste cosas que no querías para personas que ni siquiera eran importantes en tu vida?

O

¿Has hecho cosas por personas que, si querías, pero sentías que algo dentro de ti estaba siendo traicionado?

Muchos hombres van por la vida sin un código de honor.

Y esa carencia los lleva a caer en prácticas autodestructivas, a relacionarse con personas incorrectas y tolerar ciertas cosas en que no quieren en su vida, pero que se sienten obligados a aceptar.

Lo cual es pura mierda endulzada para que sepa menos a mierda.

Hay ciertas cosas en tu vida no deberías estar dispuesto a negociar, por nada ni nadie.

Hay ciertos límites que debes dejar bien claro con otras personas.

Hay ciertas actitudes que no tienes el tiempo de tolerar.

Lo sé, suena algo rudo, algo que te haría quedar mal con los demás… después de todo, siempre tienes que ser amable y muy cordial con todos, ¿verdad?

De nuevo: mierda en estado puro.

Te lo pongo de esta forma: eres el rey de una nación.

Tienes tus propios códigos, que respetas y haces respetar en el territorio que dominas. No estás dispuesto a violarlos. Son fundaciones solidas sobre las cuales se construye tu reino.

Pero, ¿qué pasa si llega alguien desconocido y empieza a romper esos códigos en tu reino?

¿Qué pasa si hace lo que quiere y no muestra el mínimo respeto por quién eres y lo que has construido?

Eso mismo hacen muchos hombres cuando dejan que cualquier persona llegue a su vida y se quedan de brazos cruzados esperando que les muestran algún respeto.

No digo que te portes intransigente frente a las otras personas y seas un pobre imbécil creyendo que tu código de honor es mejor que los otros.

(Esto es algo que ocurre con mucha frecuencia en las relaciones de pareja.)

Cada persona tiene, o al menos debería tener, su propio código de honor. Cuando estás en pareja, se trata de reflexionar sobre cada uno de estos códigos, honrar la vida de la otra persona y la tuya de manera que puedan empezar a construir juntos un código que les funcione a ambos.

Mira tú código como la brújula que te guiará en esos momentos oscuros, trágicos o donde sientes que nada te sale bien.

Una brújula que solo puede calibrarse adecuadamente cuando tienes un código de honor sólido.

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